Quienes lo hacen posible

“Cuidado, niña, le pego con la canasta”, dice el hombre que lleva sobre sus hombros dos canastas repletas de tomates, mientras una compradora está agachada escogiendo zanahorias.

Escenarios como estos son cotidianos en la plaza de mercado.

Entrar a la plaza es entrar en el ritmo de otros. Hay manos que sostienen comida desde temprano, pies que no paran hasta entregar sus productos, voces que negocian sin descanso. Por un momento intentamos mirar como ellos: medir el tiempo en bultos, en ventas, en lo que alcanza para el día.

Aquí no se posa, se resuelve. Y entre todo eso, entendimos que dentro de la ciudad hay otro lugar, donde el trabajo de estas personas sostiene lo demás: la casa, el corrientazo del centro, el restaurante. Todo depende de la plaza de mercado, aunque casi nadie se detenga a verlo así.

Por: Santiago Castro y Cristhian Suárez.
scastro89@estudiantes.areandina.edu.co csuarez70@estudiantes.areandina.edu.co

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